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economía de recursos

5 abril, 2011

No hay salida.

El uso de energía nuclear nos pone en riesgo de sufrir accidentes de consecuencias difícilmente previsibles. Un ejemplo es el desacuerdo notorio entre expertos acerca de las consecuencias del vertido al océano en Fukushima de unas 11500 toneladas de agua con bajos niveles de radioactividad. En cualquier caso, el margen de riesgo del vertido se desconoce. No es factible anticipar las consecuencias en la cadena alimentaria aunque veremos sus efectos transcurridos unos años.

Otro de los riesgos de la energía nuclear son los vertidos. Por mucho que le demos vueltas, resulta bastante complicada la tarea de ocultar y proteger resíduos que pueden llegar a permanecer radiactivos decenas de miles de años. Las consecuencias de efectos climáticos o sísmicos sobre los vertidos en tan extenso periodo de tiempo son de nuevo prácticamente impredecibles. Este es el legado que dejaremos decenas de miles de años por decenas de años de vertiginoso consumo energético.

Por otra parte, abandonar la energía nuclear parece llevarnos a utilizar (de forma más intensiva si cabe) combustibles fósiles como el gas natural o el carbón, aumentando así los niveles de emisión de dióxido de carbono a la atmósfera y entrando de lleno en los peligros de contaminación global y cambio climático.

Con las reglas económicas de juego actuales, la negativa a producir energía nuclear tendría además sus consecuencias en el precio de la energía, impactando en el transporte de mercancías y por ende en los precios finales de los productos.

¿Sería posible desechar la energía nuclear y a la vez reducir las emisiones de CO2 al medio ambiente? Si tenemos en cuenta que:

  1. el sistema económico actual se sostiene solamente con un crecimiento continuo del PIB
  2. el PIB y el consumo de energía están correlados
  3. las energías renovables no pueden satisfacer la demanda actual y mucho menos una demanda creciente (actualmente cubren el 9% de las necesidades energéticas mundiales)

la respuesta sería no. Parece ser que con el actual esquema económico nos vemos atrapados entre Escila y Caribdis. Y siempre se optará por el mal menor, es decir, el mal que genere menor perjuicio económico con las actuales reglas del juego, en ningún caso dudar de las propias reglas.

Nadie abogará por soluciones que se tacharán de irreales como podría ser el cambio progresivo de modelo económico o el adaptar nuestro consumo (y por tanto nuestra economía) a la explotación racional de los recursos energéticos. Cuando decimos racional, no nos referimos al sistema normativo de control racional que aconseja no ir contra el sistema económico actual ni proponer una alternativa al mismo por temor a las conocidas consecuencias, sino a la racionalidad que aconseja el no seguir jugando tan en exceso con un riesgo tangible a día de hoy pero del que estamos haciendo responsables a personas que ni siquiera han nacido todavía.

La decisión de adoptar una política energética sostenible debería corresponder a los políticos. Pero, como en tantos otros ámbitos, solamente se les permite la acción dentro del marco de no entorpecer el actual sistema económico. Lo que en realidad nos devuelve al punto de partida de la aceptación de la situación actual, que no es otra sino la sumisión de decisiones políticas a decisiones impuestas por un mercado global que no puede permitirse no seguir creciendo a un ritmo estable.

Como apunta Ulrich Beck, paradójicamente fue el cambio climático lo que propició un floreciente mercado de energía nuclear en un sistema económico global que nunca negociará su salida y tratará todas las alternativas posibles como forma de tuición.

Una vez más, no hay un enemigo invisible que nos empuja al abismo, es algo mucho más sutil, conocido y cercano y de lo cual no nos podemos desligar tan fácilmente: es el complejo engranaje productivo mismo de la sociedad que nos ha tocado vivir, ferozmente salvaguardado por los garantes de la democracia, el derecho, la racionalidad y el orden bajo pena de desórdenes sociales, el aislamiento, desempleo e incluso el sufrimiento de conflictos bélicos que caracterizan a los sistemas que no acatan el libre mercado global.

Hemos visto recientemente la administración de recetas parciales en crisis financieras y climáticas que no solucionan el problema global. Nos encontramos ante un orden económico que tiene la sangre fría de reaccionar, de forma sólo parcial y a regañadientes solamente tras el advenimiento de una debacle inusitada.

Fuentes:

http://es.wikipedia.org/wiki/Abandono_de_la_energ%C3%ADa_nuclear

http://www.elpais.com/articulo/internacional/opcion/alto/riesgo/ecologico/elpepuint/20110405elpepiint_2/Tes

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/tsunami/nuclear/alcanza/Kioto/elpepisoc/20110405elpepisoc_1/Tes

http://www.elpais.com/articulo/opinion/industria/nuclear/misma/elpepuopi/20110405elpepiopi_12/Tes

http://es.wikipedia.org/wiki/Consumo_y_recursos_energ%C3%A9ticos_a_nivel_mundial

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