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odios más que amores entre el marxismo y el anarcocapitalismo

7 abril, 2011

Me quedé bastante sorprendido al escuchar la conferencia impartida por Julio Anguita en Carmona el 11 de marzo de 2011. En ella se exponen algunos conceptos y argumentos que son utilizados por la forma más radical de defensa a ultranza de la propiedad individual, que no es otra que el anarcocapitalismo, a veces también denominado anarcoindividualismo.

El objetivo de este post es aclarar de forma muy somera las coincidencias y las discrepancias entre las ideas de corte marxista que defiende Julio Anguita y las ideas anarquistas individualistas o anarquistas de libre mercado, también llamadas (sobre todo en literatura inglesa) libertarias.

Es complicado realizar una crítica en los términos desarrollados por el principal impulsor del libertarismo (que se sustenta sobre la base teórica del modelo de economía austríaca), que no es otro que el Mises Institute a nivel global y el Instituto Juan de Mariana en España. Máxime cuando la teoría en la que se apoyan tiene escaso eco en medios académicos, pero encarna en la figura de Jesús Huerta de Soto uno de sus principales adalides teóricos desde su puesto en la Universidad Rey Juan Carlos.

Julio Anguita utiliza herramientas sorprendentemente similares a algunas de las esgrimidas por los anarcocapitalistas a la hora de ejercer la crítica al actual sistema capitalista, sobre el que apunta lo siguiente:

  • siempre tiene crisis 8:36
  • es regido por los ciclos de Kondratiev 9:20
  • necesita de la globalización de la economía 22:20
  • produce esclavismo encubierto 1:02:03

En cuanto a las crisis:

  • los bancos son responsables de la crisis de 2008 por la expansión crediticia 13:15
  • relación entre la crisis del petróleo 1973 y el patrón oro impuesto por Nixon en 1971 18:00
  • la crisis es la consecuencia de la sobreproducción 32:19
  • la crisis inmobiliaria se articula a través de la expansión crediticia 35:45

En cuanto a las medidas a tomar:

  • defensa de una política fiscal expansiva 20:50

Pero también difiere con los anarcocapitalistas en otras cuestiones:

  • defensa de las medidas keynesianas 13:26
  • crítica de la privatización de activos estatales 20:00
  • defensa de salarios ligados a IPC frente a salarios ligados a productividad 25:44
  • defensa de la regulación del exceso de producción 31:32
  • defensa de la Carta de Derechos Humanos 45:43
  • concepto de huella ecológica 46:10
  • oposición a la minimización del papel de estado en la sociedad 59:50

Cuando Julio Anguita habla de política fiscal expansiva tiene en mente medidas para el aumento de los impuestos mientras que los anarcocapitalistas tienen en mente la reducción del gasto público y progresiva liberalización para el fomento de la competitividad.

En cuanto a la sobreproducción, a pesar de haber acuerdo hay que hacer la salvedad siguiente: mientras Julio Anguita cree en un modelo de control (o planificación) de la producción, los anarcocapitalistas sostienen que es la rigidez de lo público impide que el mercado se vacíe a precios más bajos. ¿Cómo se vacía el mercado a precios más bajos? Por ejemplo, desregulando los salarios evitando que haya un salario mínimo, pero sobretodo eliminando la fuerza redistribuidora del estado. Esta es la principal inflexibilidad a la que se refieren los anarcocapitalistas.

Los anarcocapitalistas rechazan cualquier forma de estado, y por ende, cualquier tipo de carga fiscal (impuestos) o de forma de inversión pública ya sea educativa, sanitaria es percibida como forma de violencia que atenta contra la libertad individual, que es referenciada siempre al concepto de propiedad privada.

Tampoco conciben los anarcocapitalistas la regulación de las condiciones de trabajo, ya que de nuevo se lesionaría el principio de propiedad privada que debería imperar sobre todos los demás. La postura frente a la esclavitud de un anarcocapitalista no está clara. Mientras los anarcoindividualistas del siglo XIX como Lysander Spooner están radicalmente en contra de la esclavitud, ciertos anarcocapitalistas de la segunda mitad del siglo XX asociados a la escuela austríaca como por ejemplo Walter Block sí que defienden los contratos voluntarios de esclavitud, llevando así al límite la defensa de la idea de propiedad privada. Extendiendo el concepto no solamente al derecho inalienable a la posesión de bienes sino abriéndolo “a más reinos de la interacción humana” como implicaría la propiedad por parte de un ser humano de otros seres humanos. Esto incluye los contratos de cesión voluntaria de órganos, ya que al ser una parte del propio cuerpo el cual pertenece a cada individuo, este tiene todo el derecho a comerciar con sus órganos o los órganos de su propiedad de acuerdo a sus preferencias.

Así mismo, los anarcocapitalistas niegan la prevalencia del derecho a la subsistencia, el derecho universal a la educación a la sanidad con el siguiente argumento esgrimido por Robert Nozick:

¿por qué razón debe alguien creer que tiene derecho a un ingreso para subsistir simplemente porque lo necesita, si para dárselo es preciso coaccionar la libertad de otros?

Es decir, el derecho inalienable y supremo a la libertad individual ejercido por el derecho a la propiedad privada de uno mismo y de todo lo que uno posee es superior a cualquier derecho universal en cualquier materia, derechos humanos incuidos. O dicho de otro modo, para un anarcocapitalista, cualquier derecho universal que se anteponga a la libertad individual es una forma de violencia directa contra el individuo.

Los anarcocapitalistas propugnan también la comercialización de órganos en un mercado de oferta y demanda libre. Se quejan de que la cobardía que muestran los políticos desde sus últimos reductos de estado prohibiendo los intercambios voluntarios de órganos, entendiendo que (y aquí citamos palabras textuales del Doctor en Economía Juan Ramón Rallo publicadas en Libertad Digital) “precisamente cuando adquiere sentido cobrar un precio o recibir una contraprestación es cuando ofrecemos algo verdaderamente útil y valioso. Dar las gracias o los buenos días es un simple acto de educación por el que sería risible cargar un precio. No lo es, en cambio, dar una parte esencial de nuestro cuerpo. De ahí que resulte plenamente lícito que el donante solicite una recompensa por su enorme sacrificio”. También sería lícito de acuerdo con los anarcocapitalistas favorecer la creación de un mercado de futuros de órganos en el cual cualquier individuo podría comprometer sus órganos a cambio de una contraprestación económica que podría consistir también en “adquirir el valor presente de la suma de dinero futuro esperada por la venta del órgano en el momento de la muerte”.

En cuanto a la reducción de la huella ecológica, Julio Anguita sería partidario de una planificación global de dicha reducción, mientras que un anarcocapitalista solamente aceptaría la libertad de cada individuo para hacer un seguimiento de su huella ecológica y reducirla si lo considera oportuno. Pero vería en una medida de reducción de la huella ecológica global de nuevo el compromiso de sus más elementales libertades individuales (libertades básicas).

El esclavismo al que se refiere Julio Anguita viene dado por su visión de lo que va a ocurrir en el futuro, todas medidas de reducción del aparato estatal que en teoría irían a favor de las tesis no intervencionistas que defienden los anarcocapitalistas:

  • eliminación de salario mínimo, salario sujeto a productividad
  • copago sanitario
  • copago de las pensiones
  • copago en educación
  • privatización de la administración de fondos de la Seguridad Social

El esclavismo al que se refieren los anticapitalistas señala por contra a la existencia todavía de lo que denominan represión estatal en cualquiera de sus posibles intervenciones (robo al fin y al cabo) que ejercen impunemente contra la inalienable propiedad individual. Para un anarcocapitalista, en definitiva, abolir la esclavitud es abolir el estado.

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